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domingo, 23 de febrero de 2014

Solo un Superpoder

En realidad él no sabía hacer nada, ni tenía ningún tipo de habilidad, mas bien al contrario, en su trabajo cometía errores constantemente, era bastante lento y lo tenían completamente marginado, carecía de carisma con sus amigos y en su familia, todo el mundo le mandaba, no contaban con él para ninguna decisión, pero eso sí, tenía un superpoder.

Con una simple mirada podía apreciar la medida exacta de las cosas, desde pequeño tenía esta curiosa habilidad, el la asumía con naturalidad no siendo consciente de la importancia de la misma pero sin él saberlo se extendió su fama, era tal la perfección de sus apreciaciones que la gente sin apenas conocerle para probarle le preguntaba:

-¿Oiga cuantó cree que mide este bastón ?
- 1 metro 12 cm.
- ¿Esta escalera servirá para llegar al techo?
- Sobrarán tres escalones y medio
-¿Cuánto pesa ese camión?
-A juzgar por el abombamiento de los neumáticos, yo diría que 12 Tm y 526 kg.
-Asombroso.
-No subas en este avión dudo que despegue lleva 212 kg de más y el comandante en breve desalojará la cabina.



Este superpoder que aparentemente todo el mundo hubiera deseado para sí, tenía varias derivadas y como todo en esta vida sería difícil de poner en valor, nuestro personaje dada su poca madurez mental no era consciente de sus consecuencias, como todos los poseedores de superpoderes es necesario ocultarlos al resto de los mortales e incluso renegar de ellos.

Nuestro ínclito personaje haciendo caso omiso de las normales reglas de convivencia, se permitía imperceptibles chasqueos de lengua o miradas extraviadas cuando en alguna reunión alguien hacía alguna exageración referente a una medida o peso.

- Queda inaugurado este pantano que albergará 2.000 hm cúbicos...
- Ejem ejem ejem
- Bueno 1.520 ..... jejeje estaba redondeando.

- Yo siempre uso condones extra
- Ejem ejem ejem
- Bueno pero últimamente no.

- En el bote pequeño esta la pequeña confitura
- Efectivamente
- Grrrrrr

Era un don y una maldición, su cara no podía soportar las mentiras y donde no llegaba su carraspeo, siempre un imperceptible movimiento de cabeza delataba al exagerador o una mueca de desaprobación.

La gente huía de su compañía porque tarde o temprano siempre salía algún número que desmentir o rectificar y su sola presencia creaba un terror escénico. Por no hablar de las mujeres...

- Quiero probarme la 42
- Ejem, ejem
- Mejor dicho la 44 me irá mejor

Nuestro famoso personaje dotado por la varita divina de las mutaciones y poderes extraordinarios, llevaba una vida solitaria y triste. 
Su superpoder era a la vez un 'don y una 'maldición', con el que tendrá que convivir u ocultar al resto de los mortales. 

Parece ser que esta curiosa habilidad la tienen muchas personas que están entre nosotros, un secreto que guardan celosamente.





sábado, 10 de mayo de 2008

El juego subliminal


Nunca hasta ese entonces habíamos pensado tener alguna otra relación entre nosotros más que la amistad que sincera que teníamos, pero con los tonteos de los celos, entre compañeros de trabajo, cada vez nos unían un poco más, dándonos motivos, por aquello de compartir rumores y ser parte de ellos.

Los conserjes y las secretarias muy dadas a los comentarios, nos divertían, hasta tal punto que en su presencia, al cruzarnos con alguno de ellos, me acariciaba suavemente el pene por encima del pantalón, y sonreía y miraba como desviaban la vista violentamente.

Algún compañero al pasar a su lado, se acercaba y realizaba algún tipo de broma para que ella le acariciase a él, pensando que tal vez ella fuera ligera de cascos y formaba parte de su perversión, pero era un privilegio que solo me destinaba a mi.


Hasta que un día, estábamos en una cafetería cercana, durante el tiempo del desayuno. La secretaria llamó a mi móvil, sin darse cuenta ella respondió al teléfono, y al otro lado se oyeron unos comentarios, y le preguntaron por qué tenía ella mi movil, ella irónicamente respondió que yo estaba muy ocupado desabrochando los botones de su blusa y no podía responder, que ella estaba tumbada sobre el sofá y yo estaba encima de ella.

Al oír yo eso, me acerqué a ella para seguir la broma, y hablar yo también por el móvil, lo cual hice, le dije que me lo estaba pasando muy bien, por lo que se oyeron unas risitas cómplices al otro lado, y murmuraron vale, vale, esta bien...entiendo....

Al colgar nos dimos cuenta en la situación en la que estábamos, pues en realidad si estábamos casi juntos, sentados en la misma silla y al aproximarme al teléfono que sostenía ella, me había echado casi totalmente encima de ella y tenía una mano muy cerca de uno de sus pechos.


Cuando puso el teléfono en la silla sobre la que estaba este, giró la cabeza, y nos quedamos mirando fijamente a los ojos, y al momento miramos hacia mi mano, casi sobre un seno, un instante, no se que pasó que nos quedamos prendados uno mirando al otro, me regalo una de sus sonrisas inocente y la besé suavemente en los labios, me devolvió el beso, acariciando mi lengua con la suya.

Le acariciaba el pelo con una mano, mientras que con la otra le comenzaba a rozar un pecho, no puedo describir la sensación de vacío tan deliciosa que sentía al acariciarle sus senos, por no hablar de una especie de corriente dulcemente nerviosa, al ver que sus pezones se erizaban, bajo la tela, ella es una chica terriblemente atráctiva, con unas tetas redondas y suaves, es un auténtico ángel, al menos yo así lo siento, supongo que la complicidad del momento hacía aparecer su verdadera personalidad, dulce, alegre, cariñosa...

Seguimos por un momento en esa misma situación, hasta que ya al fin separamos nuestras bocas, le comenté, que al final iba a ser verdad lo que se comentaba, por lo que ella me sacó la lengua, sonrió y miró hacia su blusa. Yo le desabroché un botón más, y le rocé por encima su hermoso sujetador blanco, ante mí quedaron su preciosos pechos atrapados en aquella tela semitransparente y ante el asombro de algunos clientes comencé a besarlos y a chuparle sus pezoncitos rosados, era una maravilla, ella estaba absorta y a mi pesar la vestí suavemente.

Ya nada es lo mismo ahora, un juego táctico, miradas y gestos se han vuelto armas arrojadizas, ahora cuando pasa a mi lado y me acaricia el pene suele ahuecar la mano y apretarlo ligeramente, sonríe angelicalmente al ver como mi pene le obedece a ella, más que a mi .....

Aunque lo peor es que cuando pasa por mi despacho, me deja una fresa mordida, creo que me conoce demasiado .....