sábado, 26 de febrero de 2011

Díficil Decisión

Un miserable lapsus.

Todo comenzó con un pequeño error y la tozudez de editar mi perfil y no poner mas datos de los que debiera haber. Cuando le dí a subir una imagen me equivoqué y puse una foto que tenía en el disco duro en lugar de la mía.

Era de madrugada, estaba cansado y pensé que ya lo arreglaría al día siguiente.



Acababa de publicar mi último post que como siempre estaba destinado a circular sin más pena ni gloria, sin comentarios en el anonimato más brutal.


Quizás eso hubiera sido lo que me merecía, pero el error del que hago mención me convirtió de la noche a la mañana en la nueva esperanza de la Cultura Mundial.


Empezaron a lloverme los E-Mails, resultaba que en el perfil aparecía como una chica de profunda mirada aparentemente despistada.

En todos los certámenes y conferencias se hablaba de esa bloggera que deslumbraba con sus posts y que tan bien entendía la psique masculina y hacía llover las peticiones de matrimonio a nivel mundial.
Mi blog se convirtió en un éxito de visitas, ganaba todos los concursos, la crítica estaba entusiasmada, y los medios de comunicación me llamaban a casa para concertar una entrevista y saber más de mí (o de ella, para ser exactos).
LLegados aquí la angustia se apoderó de mi, pues no podía subir mi foto verdadera sin que generara una revolución social.


Tuve que contratar un representante que me ayudase a organizar mi nueva vida y trás consultar con el y meditarlo mucho, tomamos entre los dos la decisión más valiente:


Me sometí a una operación de cambio de sexo y de este modo pude recibir la gloria literaria que mi otro género me había negado......

viernes, 25 de febrero de 2011

La Pepita de Oro

Mientras vivas, se alegre que nada te perturbe.
Que la vida es muy corta y el tiempo se cobra su derecho.
(Epitafio de Seikilos, Siglo I a.C)
A lo largo de estos años he aprendido a separar los granos de arena de las pepitas de oro, las piedras de las gemas, usando horas eternas el tamiz finísimo de la palabra, encuentros fortuitos, en los que el líquido elemento que se escurre entre los dedos y la arena desaparece suavemente bajo la minúscula malla, tierra inservible que nadie añora, líquida como el elemento en el que se encuentra, y que vuelve a conformar parte del lecho del rio, sin embargo las pepitas enseguida destacan a pesar de los enérgicos vaivenes de los filtros y el barro que las envuelven, siempre hay un rayo de luz que en lluvia de fuego devuelve su brillo, múltiplicado por su luz propia. Parece que todo es al revés y que la luz nació para el resplandor de estos minúsculos cuerpos.

Con el contacto de los dedos se activa su vida propia, al frotarlas cobran vida, gimen y su polvo dorado se queda durante días en la piel de las yemas, en los bordes carnosos de los labios, en las papilas olfativas, en la mente ...
Apretadas con fuerza entre los dedos y cerrando los ojos con fuerza, la eternidad se vuelve instante de oro.
Aunque pasen los años esas pepitas permanecen, no todos tienen los ojos y los dedos preparados para que se escapen entre los dedos, cuando sucede las lágrimas aparecen, pues las pepitas son codiciadas por mil mineros que la guardaran con ahinco entre sus fardos de viaje.
El problema es que no quiero desprenderme de mis pepitas aunque me ofrezcan todo el 'oro' del mundo ......

martes, 22 de febrero de 2011

Extraño Regalo de San Valentin


Inesperadamente, el sonido de los bufidos de unos frenos, un trailer deteniéndose justo delante de su jardín, el conductor sudoroso le entregó una nota manuscrita:


"¿Te acuerdas?"


Los operarios trabajaron incansables descargaron el centenario olivo gigante, era de una especie casi extinguida, los hombres trabajaban en silencio y en cuestión de dos horas plantaron en su jardín aquel árbol que es el más escultórico de todos y le trajo el recuerdo de la tierra donde echó raíces y de la sombra que albergó la última vez que hizo el amor con ella y de como su espalda quedó grabada en la hierba húmeda entre aquellas hojas mientras intentaba descifrar las formas de su tronco bajo las estrellas.


Ahora cada vez que mira por la ventana ve esa silueta y hace que los recuerdos la invadan por dentro, y la transporten unos años atrás, cuando por arte de magia siempre aparecía una nota de amor en una pequeña hendidura, muchas veces se acercaba corriendo solo para ver si tenía algún trozo de papel y se sentaba apoyando la espalda para leerlo despacio, esperando el día en que apareciese ....

lunes, 14 de febrero de 2011

Domesticado



Cuando más observas la misma cosa menos la comprendes....
las cosas simples miradas con ojos complicados se vuelven complicadas

"Teoría de la imprecisión"

















Estaba francamente molesto con mi amigo, pero para lograr mi normalidad mental y emocional no dí pábulo a aquella peregrina historia, había fabulado y quería meterme el miedo en el cuerpo tal vez sentía una cierta nostalgia.

Bajo ningún concepto la médico Mónica ni ninguna mujer, iba a domesticarme como según Arnau afirmaba le había hecho a él.....

Por esta vez me tocaba el turno de noche que nadie quería hacer en aquel desvencijado hospital, se hacía largo y soporífero, en una vieja hoja pegada en la pared tenía algunos teléfonos y protocolos en caso de urgencia, al final de la hoja el número de móvil de Mónica, médico de guardia.

La calefacción estaba insoportablemente alta, me sudaba la frente, la parte superior del pecho, me quedé en camiseta, era de color blanco, había dado varias rondas, solo se oían las espiraciones profundas y despreocupadas de algunos pacientes. ¿Donde demonios estaría el termostato?


Estaba nervioso, si hay algo que me molesta es el calor, ni me deja dar cabezadas ni me deja pensar con claridad, las paredes mal pintadas se acercaban me quitaban aire y aumentaban mi agobio.
-¿Mónica?
Al final la llamé por el móvil
-Si.
-¿No tenéis calor en vuestra planta?
-Uffff muchísimo. me he tenido que quitar casi toda la ropa ya no aguanto mas.
-Perdona que te moleste pero aquí hay un armario de cristal con el termostato dentro pero no tengo la llave.
-Espérame que bajo en un minuto.


Todo empezó por un maldito pezón. Un pezón travieso que se asomó por arriba de su camiseta de escote cuadrado. Su piel ofrecía el aspecto y textura que se produce antes de empezar a sudar, su aroma a piel caliente me invadió mientras se agachaba para buscar la maldita llave, no me dio tiempo a apartarme, ella a mi lado y su pezón... al aire, la carne rosada respirando y exhibiéndose, la miré ya no sabía lo que me hacía, pero no dejaba de mirárselo.
-Pues no tengo ni idea donde estará la llave del termostato. ¿no estaba por aquí en algún cajón?
En esto que ella pilló mi mirada concentrada, solo tuvo que seguir mi mirada y el color rojo se adueñó de sus mejillas se subió la camiseta con lentitud disimulando y dejando que aquella pequeña fresa rebelde encontrase su camino para alojarse otra vez en su guarida. Pero aquella visión y aquel calor ya me habían descolocado.
Mónica, sonrió al ver mi ofuscación.
-¿Me has visto una teta eh?
-Pues si, ¿que situación más incómoda verdad?
-Bueno al principio si, pero si te soy sincera no me esperaba como te has alterado.
-Hubiera podido ser peor si te hubiera rozado.-
-¿Ah si?
Jugó con fuego entonces, me miró fijamente y recompuso un poco el escote bajando un poco la camiseta mientras me dedicaba otra de sus maliciosas sonrisas.

Pensé en mi amigo, creo que tenía toda la razón, el sudor me caía como perlas sobre el pecho dibujando formas extrañas en mi camiseta y unos minutos más tarde, me encontraba empezando a bajarle la camiseta con un pequeño temblor en los dedos.

Sus pezones se deshicieron con el calor de mi boca. Se los chupaba intercambiando el roze con el dorso de la mano sus aureolas.
La camiseta apenas por debajo de sus senos, los erguía y colocaba sus turgencias a una altura provocadora. Echaba el cuello hacia atrás como un junco a punto de romperse y gemía levemente, me pedía más en el lenguaje secreto de cada suspiro.
Quejidos hondos que retumbaban en mis oidos y capaces de despertar al más enfermo de la sala.

Movía sus caderas con un ritmo acompasado. Yo inmerso en sus pechos, encantado de provocarle esa musicalidad, con mi mente sobrevolando por encima de nuestros cuerpos, observándole a ella y toda su magia y aterrizando una y otra vez entre sus brazos.

-¿Que te parece si a partir de ahora haces el turno de noche?
-Siiiiiiiiiiiiiiiii. ¿Dónde hay que firmar?
-¡Aquí!. Casualmente llevaba un impreso y mañana se lo entrego al administrador.

Al salir, un ruido metálico atrajo mi atención, una llave precisamente abría el armario del termostato, le había caido de uno de sus bolsillos.......
¿Pero que mas da? Supongo que a estas alturas no os interesa demasiado si seguí pasando calor.....