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jueves, 19 de mayo de 2011

Tacones Imaginados

Me fui lentamente hacia el sofá, lo había colocado en un punto estratégico en un lugar apróximado al que debía ocupar ella, en el piso superior.
Recostado en silencio y con las luces apagadas, para poder sentir mejor los sonidos de sus tacones delatores retumbando en mis oidos, debía estar sentada en el piso superior a unos tres metros por encima, el tiempo parecía que se había aliado con la oscuridad y ese silencio tan terrible.

Imposible dormir, había seguido sus pisadas hasta la ducha, nos habíamos duchado juntos cada uno en su nivel, sincronizando apertura de grifos y el desagüe posterior, ella debía estar como yo con su albornoz semiabierto sobre su cuerpo y yo no podía dormir, estaba inquieto, daba vueltas angustiado y solamente pensaba en los dichosos tacones de mi vecina y en sus piernas desnudas paseando por la casa, la culpa era de la extraña resonancia de mi apartamento. Imaginármela a ella a través de sus pisadas me excitaba de una forma sobrecogedora, pude comprobar como mi miembro se iba agrandando por momentos. Me sentía prisionero de un morbo bastante inexplicable y estaba empalmando brutalmente sentado en aquel sofá, me abrí el albornoz y empecé a sobarme lentamente el tronco, no tardó en dolerme hasta asomar el glande.

Era todo muy extraña. La vecina estaría dormitando arriba mientras veía la tele, lo se porque oí caer el mando a distancia, mientras yo recorría lentamente los dedos de mis manos por mi cuello, mi pecho, abdomen, las ingles y mis muslos hasta llegar a mi tranca. Mientras lo hacía procuraba que mi respiración no delatara el grado de excitación que me poseía, pensaba que si yo podía oírla a ella, ella también podría oírme a mi....pero necesitaba más.

Fue entonces cuando me levanté sigilosamente y cogí una escalera. Puse mi oído en el techo y solo pude apreciar la intensa respiración de mi vecina mientras dormitaba. El silencio era tan intenso que podía apreciar los latidos de mi corazón en las sienes agarrado a la escalera.
Me la imaginé durmiendo de una forma plácida, despreocupada bocarriba con los brazos y piernas totalmente desarbolados encima de su sofá o apoyados en algún cojín, recién salida de la ducha semidesnuda, mientras la tenía en mi imaginación fui tocando inconscientemente mi miembro muy despacio. Comprobé que estaba muy caliente.
Entonces me vino a la mente otra oleada de su presente ausencia, miré hacia mis muslos y mi polla surgía formando un angulo recto perfecto, totalmente encendida, cubierta de venas, allí mismo semiapoyado contra la pared en lo alto de la escalera, el morbo se apoderó de mi y seguí con mis caricias, que pasaron a ser violentos bombeos, mi mano la apretaba con fuerza y la tranca parecía que fuese a explotar en cada embate, el corazón parecía a punto de salirse y la respiración intensa y profunda me secaba la boca.

De repente, oí un repiqueteo en la ventana, no daba crédito a lo que veía, unos zapatos de tacón rojos, seguidos de unas largas y torneadas piernas, golpeaban mi ventana. Mi vecina estaba asomada por la esquina de la ventana y pude ver la sorpresa marcada en su rostro, al verme en aquella posición semidesnudo encaramado en la escalera, con la oreja pegada al techo una mano aguantando mi verga, la otra aguantando mi peso, totalmente fuera de sí y el albornoz entre los peldaños metálicos.

Ella estaba en la escalera de incendios, golpeando en la esquina superior de mi ventana con sus tacones, la dejé pasar, me dijo que había oido unos ruidos espantosos que surgían del suelo y asustada había salido corriendo ......

-¿Sabes? Te confesaré algo, yo también me estaba masturbando. Pero la visión que he tenido aquí difícilmente se me olvidará.
Una tira del camisón de raso se había deslizado por sus hombros, y entreabrió sus piernas mostrando bien sus muslos, me di cuenta que aún seguía totalmente empalmado.

-Sigue con lo que estabas haciendo, por favor.

Me estaba mirando con los ojos bien abiertos con glotonería, sin sonrisas ... lasciva, se acomodó en el sofá, dejó que el camisón resbalara de sus hombros y sin quitar las vista de mis ojos, abrió sus piernas de par en par dejándome admirar toda su raja abierta.

Acercó su mano a la boca metió sus dedos y los lamió. No dejaba de mirarme mientras sus pezones parecían que se le iban a salir, atónito lucía mi polla completamente empalmada mostrando pequeñas contracciones, antesala de la erupción volcánica que se avecinaba .

Lentamente se fue llevando las manos por su cuello, se entretuvo en la clavícula bajó hasta sus pechos donde empezó a jugar con ellos pellizcandose los pezones una y otra vez. Un leve quejido se escapó de su garganta. Sus dedos ahora bajaban por su ombligo como indicando un camino tortuoso, siguiendo por su vientre hasta que por fin se lo metió en su raja cosa que hizo cerrara sus piernas para intensificar el placer que le había producido.....

Dejé de masturbarme de repente, una corriente nerviosa sacudió mi espalda de arriba a abajo, y como la resaca de una ola retrocediendo sobre si misma, percibí un vació interior inmediato, el preludio de mi esencia acelerándose, recorriendome en movimiento acelerado imparable, y provocando un placer que me arrancó un placer que removió mis entrañas y me hizo gritar cerrando los ojos, de repente un chorro de leche espesa y caliente, se estrelló contra su cuerpo, al abrirlo el lienzo de la tez morena de su cuello y tetas presentaban unas blancas pinceladas chorreantes. Mis piernas se doblaron.

jueves, 19 de marzo de 2009

Sombras en la Gruta Cavernosa

No recordaba haber visto nada más en toda mi vida, me encontraba prisionero desde el nacimiento, en aquella gruta cavernosa, era mi mundo, lleno de laberínticas paredes negras y grises, unas gruesas cadenas, me sujetan el cuello y las piernas y me retienen a escasos metros de unas argollas ancladas en el suelo.

Solo puedo ver la pared del fondo, sin poder girar la cabeza más allá, justo detrás un tosco pasillo estrecho, una hoguera que percibo por su olor y la entrada de la cueva, cordón umbilical que me ata al mundo que me rodea.

Por el pasillo circula una mujer, eso deduzco, porque no la puedo ver, se oyen unos sonidos rítmicos, que retumban en toda la cueva y las sombras chinescas de esa hembra de sensuales curvas, retorciéndose sobre si misma al ritmo frenético de esa percusión de ultratumba, entre el humo y los destellos caprichosos de las llamas de la hoguera.

Abro los ojos y desaparece poco a poco la cueva, transformándose las paredes rocosas y abruptas, en las paredes blancas y lisas de mi habitación, las gruesas y pesadas cadenas, en mi libro sobre Platón, abierto en el diálogo de 'Parménides', desencajado en el suelo, después de haberse escurrido entre las rodillas.

La música de un encuentro tecno-house, retumbaba con fuerza a través de la ventana abierta y la pantallita del MSN destellan tus mensajitos y zumbidos, intentando despertar mis instintos con una foto tuya muy pixelada. En el fuego de la cocina me había dejado olvidadas unas tostadas, quemadas ya, dejaban un denso humo que me invade.

Me había metido en la metáfora que estaba leyendo, en plena caverna platónica, incapaz de percibir el modelo original, mi mente desorganizada y tonta me había mezclado cuatro sensaciones en una, intenté proseguir el sueño donde lo había dejado pero ya no pude.

Como los prisioneros encadenados de esta alegoría, no pude considerar otra cosa más verdadera que las sombras de tu silueta destacada entre las irregulares formas de la pared de roca.

domingo, 29 de junio de 2008

Pequeño fallo de forma

viernes, 20 de junio de 2008

Deliciosa agonia

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domingo, 15 de junio de 2008

Sufrir ..... Dulce y salvaje

¡¡Si me atrapas, podrás hacer conmigo lo que quieras !!
Luego me miró, entre desafiante y divertida, ahuecó la mano derecha como si cogiera algo y movió su lengua acompasadamente contra el carrillo, abrió una amplia sonrisa al ver mi cara estupefacta y miró al frente y se puso a pedalear alegremente.

Las calles son estrechas y casualmente nos íbamos encontrando en las respectivas paradas obligadas por los semáforos en rojo, al principio nos mirabamos distraidos, luego al ir coincidiendo, las miradas fueron más intensas, adquiriendo una complicidad, hasta la frase que me dejó boquiabierto.

En mis adentros pienso que tal vez le gusta que la persiga un desconocido. Mientras pedaleo con alegría repaso mentalmente la clave del asunto, en cada parada me mira y sonríe, pero en esta última parada se ha subido los shorts al máximo y ha echado el culo hacia mi, girando el cuello esa visión me obsesiona y a partir de aquí los semáforos verdes se alían con la verduga de mi obsesión la ciclista misteriosa, mientras se tornan rojo al pasar yo.
Se levanta deja que casi la alcance y luego se reagrupa entre los cuernos de la bici y rítmicamente se aleja, pedalea con fuerza y elegancia femenina y la voy perdiendo calle a calle, decido saltarme los rojos, ahora la persecución se ha vuelto peligrosa, coches esquivados, frenazos, gritos e insultos y con otro inconveniente más grave, me he empalmado terriblemente y los que halláis pasado por esa experiencia, podéis imaginar mi sufrimiento, la tranca golpeando a uno y otro lado del estrecho sillín en cada bache y mientras ella, levantándose en la bici para aumentar mi agonía, para sentarse y acelerar y dejarme a esos 100 - 150 metros que se me hacen eternos.
Me detengo frente a un escaparate y mi reflejo es el de un hombre capicua, de perfil sobresale mi nariz bajo el casco y una gran protuberancia, entre mis piernas que las mallas ciclistas apenas puede disimular, un espectáculo grotesco, solo me queda la huida hacia delante en la persecución imposible.
Las calles tienen nombre de poetas y los semáforos me saludan riendo al pasar.
Ella me sugiere una belleza extraña. La belleza de los camaleones dulce y salvaje.
Esta ceremonia de apareamiento, me está matando no llega el riego sanguineo, tengo que alimentar 3 piernas y una de ellas en constante crecimiento, que me hace respirar con dificultad y no me deja sentar.

En una esquina una mano me atrapa y arrastra a un portal de madera oscura, subimos a través de unos viejos escalones, con las bicis a cuestas, bufff no puedo parar de mirar su pequeñísimo short tejano.

Sin decir palabra se tumba sobre una pequeña alfombra de color blanco muy cómoda y de una textura muy suave, esa imágen así de espaldas con los ojos cerrados se me antoja enigmática.
Me pregunto si se hace la dormida o se ha dormido. No se que hacer me acerco hacia ella y subo con cuidado la camiseta doblándola sobre si misma, me gusta su cuerpo, sus músculos se distinguen a través de una piel suave ligeramente tostada. Lleva una camiseta de tirantes y un tanga blanco bajo sus mini-jeans.
Acaricio la curva de su espalda, aún está ligeramente sudorosa y la mano se desliza suavemente. Me acerco un poco más y deslizo la mano por debajo de la camiseta. Siento cómo se estremece, o quizás he sido yo quien se ha estremecido. Espero así unos segundos, escuchando el ritmo de su respiración.

Puedo sentir cómo con su brazo hace presión sobre el mío eso hace que el corazón se dispare en latidos cada vez más fuertes, incontrolados casi como cuando pedaleaba a toda velocidad.
Voy bajando hasta la cintura, muy suavemente me detengo allí, y entonces empiezo a seguir el límite de su tanga, ahora no puede estar dormida; le acaricio el trasero y me parece sentir que se tensa.

Seguro que está despierta, con ella no sé lo que va a pasar.
Voy bajando hasta el lugar donde siento los labios de su vagina,
dejo la palma de la mano completamente quieta, abarcando todo.....
Dejo pasar unos dos minutos, se me hacen eternos y maravillosos. Entonces se mueve apenas un milímetro la cadera, lo suficiente para que mi mano acople a la perfección. Cada milímetro es percibido en el ambiente tenso y eterno.
Comienzo a acariciar muy lentamente, de un modo que podría creer imperceptible,
pero ahora estoy seguro de que está concentrada y sentirá cualquier cambio.
Cuando comienzo a escucharla jadear trato de introducir mis dedos por debajo del elástico del tanga, pero sin alcanzar el interior. Dejo que sean sus caderas las que se autoacaricien con mi mano.
Sus jadeos resuenan ya por la habitación, con un timbre de voz que jamás habría imaginado. Pierde la paciencia y la dulzura, se bajas el tanga de un tirón. Cambio de mano, para llegar mejor al clítoris. Pero no tengo prisa. Empiezo acariciando con suavidad un punto un centímetro por encima, siento cómo se va tensando, como el arco de una ballesta a punto de ser disparada. Nunca había sentido tanto miedo y placer al mismo tiempo, me sorprende su mano sobre la mía, al principio sin control aparente, luego haciendo fuerza para que
baje. Bajo al clítoris, pero insiste en seguir bajando, a los labios de la vagina carnosos y humedecidos extremadamente, continúas guiándome e introduces mis dedos. Yo me resisto. Subo de nuevo al clítoris, pero vuelve a introducirme los dedos en la vagina. A partir
de ahí no me suelta la mano.


Está bien, ella manda. Arquea el cuerpo, jadea, grita, vuelves a arquear el cuerpo, salvaje deliciosa, me inclino y hundo mi cabeza en su entrepierna, apenas rozo con la lengua su coño inundado, inunda mi boca de un perfume excitante y consigue un orgasmo.
Se abraza a mí todavía suspirando. Poco a poco voy sintiendo cómo se relaja, pero no me suelta la mano, con sus movimientos la camiseta se le ha subido otra vez, dejando al descubierto el abdomen. Se le notan los abdominales y su barriguita tostada es terriblemente sexy.

Apenas lo he pensado y estoy besándole el ombligo, y más abajo también. Le beso las manos, que también ella tiene impregnadas de flujo. Así consigo que me suelte. Le beso los labios mientras ella abre las piernas para que me ponga cómodo.
Empiezo a lamerte, muy lentamente y en círculos. Se me ocurre que puedo escribirle mensajes con la lengua, y esperar a ver qué pasa. Empiezo por escribir mi nombre,
letra a letra. Escribir mi nombre con la lengua en su coño es como una provocación una llamada al orgasmo.....
Vuelve a jadear. La verdad es que me encanta verla así, la fiera domada. Con las manos me busca, me tomo mi tiempo, no tengo prisa, apenas aumento la velocidad y me dice que sí. Siento cómo se acerca tu orgasmo, y cuando veo que estás a punto disminuyo el ritmo.
La venganza es un plato que se sirve frío, me gusta pensar que siente que se lo ha perdido, que lo desea con locura, como yo atraparla a ella. Un toma y daca terriblemente excitante.
Me gusta pensar que me odia, por haberme parado, espero un poco, para ver su cara transformándose en ira, aumento de nuevo la velocidad y entonces vuelve a decir que sí que siga, si paras esta vez te mato, me tenía atrapado con sus uñas apretando, gime, jadea, grita, hasta que llega al orgasmo......


jueves, 17 de abril de 2008

Hurgando en la Red


Buscando por la red encontré un escrito verdaderamente genial, pero lo mejor fueron sus comentarios .....sin desperdicio
Os lo dejo tal cuál
El deseo