jueves, 21 de mayo de 2020

Incidente en la disco

- ¿Se puede saber que haces?
- Quiero invitarte a algo.
- ¿Invitarme? ¿Acorralarme en el baño y encerrarme aquí es una inviatión? ¡Apártate por favor y déjame salir!.
- Soy cliente de este local, no seas estúpida conmigo, solo quiero que te sientas bien.
- ¿Pero tu eres gilipollas? ¡Haz el favor de apartarte de la puerta!


Era la encargada de la barra de la terraza, su trabajo consistía en llevar el cambio, controlar el dinero de las cajas y formar los espectáculos de las 'gogos', estaba acostumbrada a tratar con clientes ligeramente bebidos. Alvaro se encargaba de su seguridad,  "mi guardaespaldas preferido" así le gustaba llamarle, un cuerpo fibroso de dos metros, cabeza afeitada, a pesar de unas facciones muy duras, siempre le dedicaba una sonrisa cómplice, como diciendo: "No te preocupes estoy aquí", su sola presencia le daba seguridad en la noche.
Una de esas veladas, mientras él atendía una llamada por el auricular aprovechó la ocasión para ir al baño. Cuando se estaba lavando las manos un tío al que conocía de vista, cliente asiduo que solía dejar muchas consumiciones, tan enormemente grande como pesado, después de afirmar una y otra vez, noche trás noche, que no iba a ser suya nunca, pero con la paciencia y educación que requería su puesto excelentemente pagado ...
Se coló dentro del baño de las mujeres. Cuando se quiso dar cuenta se sintió levantada como una pluma por detrás, de malas maneras la había metido en uno de los pequeños habitáculos del baño.

- ¡Escucha ! Estate calladita si no quieres que me enfade contigo.
Bramó. Ella estaba furiosa, le miró a los ojos con cara de desprecio.
- Me importa un bledo que te enfades conmigo, déjame salir ahora mismo, tú y yo no tenemos nada que hablar y menos de esta forma.
-¡Que te calles de una puta vez!

De un salto se interpuso entre la puerta evitando que pudiera salir. El miedo empezó a invadirla aunque la furia y rabia se fundían en su interior. Debido a su larga experiencia en las relaciones con clientes desfasados, analizó rápidamente sus opciones, o forcejear como una loca e intentar salir, imposible puesto que su cuerpo era la tercera parte del suyo ... o mejor no enfurecerlo más y esperar una oportunidad. Él sacó de su bolsillo trasero una cartera, de ella una bolsita blanca, cogió una tarjeta de plástico, colocó la cartera encima de la tapa del inodoro, abrió la pequeña bolsita y tomó una pequeña cantidad de cristales de cocaína, usó su tarjeta de crédito las fue deshaciendo hasta alinearlas, sonriendo maliciosamente levantó su mirada hacia ella.
Estaba terriblemente asustada mirando fijamente lo que hacía mientras la tenía empotrada contra la pared obstaculizando la puerta para que no pudiera irse.
Construyó dos pequeñas rayas blancas con el polvo obtenido. Se incorporó y pasó la tarjeta por la boca de ella, apartó la cara a destiempo pero un polvo blanco ya había impregnado sus labios, al humedecer sus labios con la lengua una amargura recorrió su garganta e hizo que su lengua perdiera su sensibilidad.

- Me gusta mucho tu lengua pequeña....
Le susurró al oído dejando el rastro de una peste a alcohol que tumbaba. Sacó de su pantalón un billete de 50 €... lo enrolló cuidadosamente.

-¡Toma, esnífa! es muy buena.
- Ya sabes que no me drogo, no quiero.
- Alguna vez tendrás que probarlo... te gustará, no seas niña y esnífa.

Con el billete ya en su mano le miró e imploró con lágrimas en los ojos.
- ¡Por favor, no quiero meterme esa mierda!
- ¡Mira, ya me has cansado! ¡Estoy harto de ser bueno contigo y no recibir nada más que rechazos he insultos por tu parte! ¿Acaso crees que alguien te va a tratar mejor que yo? Además cuando a mi se me antoja una mujer... la consigo y punto. Así que ¡ponte el billete de una puta vez en tu nariz y esnífa!

Su voz empezó a quebrarse... sus ojos le miraron con odio y miedo y las lágrimas se escaparon sobre sus mejillas, no pudo evitarlo. El se ablandó aparentemente, secó las lágrimas con sus grandes dedos y la abrazó mientras susurraba.

- No llores mi pequeña, jamás te haré daño... mientras seas buena conmigo.

En ese momento ella recordó que de su minifalda colgaba el interfono que le mantenía en contacto toda la noche con Alvaro. Tenía tres botones. Uno para llamarle, otro para que ella le hablase a él y otro... para caso de emergencia. 

Levantó la mirada y miró fijamente a su "secuestrador" e intentó poner en su boca las palabras mas dulces que su estado le permitía.

- Lo siento, soy una desagradecida. Le lanzó una sonrisa y empezó a besarle... lamío sus labios con su lengua todo lo húmeda y suave que pudo aguantando el asco que le producía. Le acarició la cara con gesto de ternura.

- Soy tonta, nadie mejor que tu va a cuidar de mi, (Solo con el hedor que salía de aquella garganta oscura una sensación de asco recorrió todo su cuerpo), pasada la sorpresa inicial, la abrazó tan fuerte que estuvo a punto de ahogarla y sin que él se diera cuenta... acercó su mano lentamente al interfono y apretó el localizador.

Cogío el billete y se puso de rodillas delante de la tapa del retrete, giró la cabeza hacia arriba y le sonrió timidamente a lo que él contestó con una sonrisa impregnada en cocaína y alcohol. Esnifó la raya de cocaína y la sintió recorrer todo su cuerpo hasta entrar en el estómago como un cuchillo afilado, originando en ella una pequeña arcada, al incorporarse su sensación de angustia llegó al límite, cuando vió que se había bajado el pantalón y tenía su enorme polla fuera.

Empezó a temblar en su interior, intentando que no se le notara, un mareo se añadió a las arcadas y le pareció entrar en un vacío que se adueñaba de su mente, con un hilo de voz le replicó.

- Tranquilo, métete tu raya, tenemos toda la noche.
Se llevó la mano a su imponente falo y me hizo saber lo orgulloso que se sentía de su cambio de actitud y el 'regalo' que le esperaba por haber complacido su deseo. Se arrodilló ante la taza, haciendo que yo quedara incrustada entre la cisterna y la pared. Una voz al otro lado de la pared se oyó la voz grave de Alvaro.

- ¿Olivia?
- ¡Estoy aquiiiiiiiiiiiiiii!!!

Gritó mientras los nervios se apoderaban de ella y sus ojos estallaron en lágrimas.

- ¡Cállate puta del demonio!.
Se incorporó y rápidamente tapó mi boca.
- ¡Está ocupado joder no molestes!

Gritó con fuerza. En ese momento ella reaccionó y con toda su rabia contenida le metió un rodillazo en toda la polla que le colgaba haciendo que su mano se la llevara a su entrepierna y dejando su boca libre.

- ¡Alvaroooooo ! ¡Estoy aquííí!
- ¡Aparta, furcia!

Rápidamente la incrustó contra la pared mientras él se incorporaba y le cruzó una bofetada que hizo salir de ella un grito inmenso mientras le ardía la mejilla.

-¡ Hijo de putaaaaaaaaaaaa !

Sintió de nuevo un fuerte golpe que la hizo caer al suelo ya que sus piernas temblaban y no aguantaron el peso. Un fuerte golpe se oyó en la puerta, otro y otro más, él la cogió del cuello y la levantó en vilo dejando su cuerpo suspendido en el aire. Sonó un terrible estruendo que hizo que la puerta cayera encima de él... soltando el cuerpo de ella y que fue a parar de nuevo el suelo.

Una luz la iluminó cuando vió a Alvaro allí, a pesar de la situación se sintió increiblemente segura, apenas pudo ver como se abalanzó sobre su verdugo, le propinó una patada en el estómago, sonó como un saco y se quedó tumbado, sobre si mismo, en posición fetal sin poderse mover. Alvaro por fin la cogió en volandas, una flotando entre sus potentes brazos, la levantó como si no hubiese gravedad sacándola del habitáculo. Viendo sus ojos impregnados en lágrimas y su cara roja por las bofetadas que aquel cabrón le había dado, la miró a los ojos y ella vió como algo insólito le pareció ver una lágrima brillante entre aquellas facciones tan duras.

- Mi pequeña. Ya ha pasado todo. Ya está todo bien. No quiero verte llorar mas.

La abrazó fuerte y la cogió en sus brazos ya que sus piernas no reaccionaban. La miró a la cara y secó sus lágrimas mientras le daba un beso la nariz casi con miedo, otro, otro y luego le pasó la lengua por la nariz  Ella le miró extrañada, él nunca había hecho eso, la soltó y la metió en el retrete de al lado, antes de cerrar la puerta.

- Quédate aquí, no te muevas.
Cogió el intérfono y avisó a sus dos compañeros.
- ¡Venir al baño de la terraza!

Jamás nadie le había oído dar una orden así, aun siendo el jefe de seguridad, siempre hablaba con dulzura a sus compañeros. Sus pasos se acercaron al retrete de al lado. Se podían sentir sus zancadas fuertes pisando el suelo. Ella sintió de repente caer en otro mareo era como si de repente toda la rabia le hubiera salido a flote, una voz atronadora sonó en los lavabos.

-¡¿La has drogado?!
Se oyó un golpe seco.
-!Dime hijo de puta! ¿La has drogado? Se oyó como Alvaro golpeaba algo, a cada golpe un gruñido, se le oyó llorar por primera vez, se oyó como su voz normalmente imperturbable temblaba de rabia.
-Ahora vas a saber lo que es estar drogado.

jueves, 30 de abril de 2020

Ansia en la confinación


Buen recibimiento

jueves, 6 de febrero de 2020

Tensa espera ......


Esperando que llegue el momento despues de la cena






El momento de arrodillarse


Sentada

















jueves, 9 de enero de 2020

Lenguaje corporal

-¿ Pero que coño estás mirando ?. ¡ No me ni puto haces caso !

Desde hace unos minutos, mi vista enfocaba un rostro de mujer sonriente que destacaba entre las múltiples cabezas de aquel restaurante atiborrado de gente, no se porqué mi mirada navegaba curioseando, mientras mi pareja me hablaba sobre unos intrascendentes cambios de muebles en su trabajo.

Por fin había encontrado una ventana al mundo exterior, una distracción entre aquellos rostros anónimos que me desconectaba de la conversación y del escenario....

Entonces sucedió algo raro, percibí una mirada, me estaba clavando los ojos, distraída abstraida en sus pensamientos, al sentirse descubierta al devolverle la mirada, respondió bajando los ojos timidamente acompañada de una sonrisa, admitiendo la culpabilidad y pidiendo disculpas por la impertinencia. 

Tengo que reconocer que me impactó, me recordó mucho a una amiga que tiene sus mismos rasgos, esa mujer, está alojada permanentemente en mi mente y no me la puedo quitar de la cabeza, me llena la mente solo pensar en ella. El caso es que estaba sentada ligeramente de lado a una mesa de distancia, su pareja espalda con espalda con la mía pero en diagonal, estratégicamente bien colocada.......

No se porqué, pero sentí que se ponía nerviosa cuando la miraba, pero lo raro es que ella esta vez no apartaba la suya, luego miraba a su pareja, y su rostro se tornaba mas serio, jugaba con el pan, con las copas vacías, al cabo de unos minutos de miradas divageantes, volvía a buscar mi mirada, la situación me incomodaba pero me divertía me lo estaba pasando en grande fantaseando con los pensamientos que podía tener ella.

Pedimos la comida y un botellín de cerveza. Ella optó por una Cocacola. De modo que empecé a jugar distraídamente, llené la copa y con espuma de la cerveza rebosante acaricié mis labios mientras la miraba, dejaba que la espuma bajase por el cristal, mientras pasaba un poco la lengua por el borde, pero ella en lugar de incomodarse, metió el botellín en la boca y lo sacó lentamente, varias veces dejando que sus labios se doblaran voluptuosamente, abrazando el cuello de la botellas, sin dejar de mirar de reojo, yo ahora no podía parar de observar aquello, pensando en otras cosas mas carnales, esto se había convertido en un juego peligroso, me arriesgaba a que su marido se molestara y mi pareja me pillara jugando con la vecina de la mesa de al lado, ella jugaba con la aparte de arriba de la botella rozando sus dedos suavemente por la botella manteniendo una mirada extraviada, ahora que había captado mi atención, sabía que estaba jugando conmigo.





Llevaba ya tres cervezas, no paraba de beber, pues era la situación en la que mejor podía disimular mis miradas, estaba como nervioso y excitado al máximo, mi mirada y mis contestaciones ya no tenían ningún sentido, el alcohol en mi sangre se había aliado a esta situación y me estaba alterando.

-Depende -¿ Pero como que depende ? te estoy preguntando si me he cortado bien el pelo y tu me dices que ¿depende como se mire?

-¿Quieres hacerme más caso por favor?

-Puede que si, puede que no....

Me cansé de parecer un memo, ahora la pondría yo nerviosa a ella, notaba que ella tampoco podía seguir su conversación coherente en su propia mesa, le aburría, a saber que estaría pensando, pero sinceramente me daba igual, mi intención ahora solo era desestabilizarla y jugar con mi mente imaginando que era mi cómplice para alegrar conversaciones aburridas.
En el momento que me vuelve a mirar en un momento de distracción, me lancé a la piscina y zasss le lanzé un guiño uuff !!!. Por un momento se intercambiaron los papeles ahora la que había perdido la cordura era ella, le cayó la servilleta y luego con el codo tiró la botella al plato de pulpitos con salsa, casi se le cae, se había autodelatado sola.

Acababa de entrar en el juego !!!!. Por finnnnnnnnn !!!
Ahora ya sabíamos las reglas, se prometía una velada interesante, ella quería jugar, así que se relajó apoyó su espalda en la silla y cuando nadie la veía, me puso una mirada seductora mientras apartaba su pelo del cuello con su mano bajándola suavemente por su cuerpo, aquello se estaba poniendo complicado.
Me entró una risa nerviosa, por que tenia que llevar mi conversación en mi mesa y a la vez estar a la ataque con la otra mesa. Así nos pasamos toda la noche entre gestos y risas toda la cena yo imaginando que era ella (le encantan estos juegos), y cuando mas pensaba en que ojala fuera ella, mas me excitaba, notaba como una serpiente estaba abriéndose paso en el pantalón, se iba bombeando en pequeñas contracciones, cada vez mas fuera, debía abrir las piernas para que no se me cortara la respiración, buffff, y la muy cabrona, veía eso perfectamente, se percataba de mi paquete inflamado, debajo de la mesa y me daba mas combustible para seguir haciéndome sufrir, cada vez me dolía mas el jean apretando con fuerza, tenía unas ganas tremendas de liberarla y sentir el roce de unas manos, notaba como si palpitara solo como si fuera acariciada, entonces pude detectar en ella algunos movimientos de caderas extraños y como con sus manos se rozaba los muslos por encima del vestido, como si lo alisara por encima.

Estaba super emocionado, hasta que llegó el postre los dos habíamos pedido lo mismo yo pedí una tarta de chocolate con nata y ella con un gesto de la cabeza hizo que a los pocos minutos le trajeran lo mismo, intente comérmelo lo mas juguetón posible manchándome los dedos sin querer, pero a conciencia y chupando ruidosamente mis dedos para limpiar el chocolate.

Sentía como ella me miraba cuando chupaba el chocolate y estoy segura que en mas de un momento deseó no haber empezado aquel juego......Entonces a ella jugando con la tarta, aparentemente le cayó o más bien se tiró un buen trozo en el escote, toda la piel entre sus pechos, se llenó de un chocolate negro y resbaloso, pegó un grito y su marido solícito, con una servilleta intentó limpiarla, ella se inclinó hacia delante y estiró del escote hacia afuera para que el pudiera limpiar y además alimentar mi vista, cada vez estiraba más los tirantes hacia fuera, hasta que una teta saltó suavemente......ella sonreía y se tomó todo su tiempo en meterla, primero la limpió, la tomó acariciandola suavemente y la alojó ente su vestido.
Entonces no se que pasó, se oyó un grito y luego descubrí que había salido de mi garganta, en honor a la verdad mas bien diría que salió un aullido que anuló la música del local, e interrumpió todas las conversaciones, el resto es fácil de entender, me echaron del restaurante por escándalo público, lo cual no fue muy buena idea porque al levantarme apareci totalmente empalmado, con todo mi rostro y camisa lleno de chocolate y nata, oliendo a alcohol, en medio de aquellos aullidos espantosos. A día de hoy no se nada de mi acompañante, salió y no volvió a aparecer nunca mas .....



miércoles, 8 de enero de 2020

Te fuistes y yo te dejé escapar

A quien dejé escapar

Hay momentos en los que creemos que estamos haciendo lo mejor. Hay momentos en los que, por eso de la estupidez humana, creemos que estamos haciendo lo correcto, y nos estamos equivocando. Tantas veces, las emociones nos juegan una mala pasada y nosotros, simplemente, nos dejamos llevar. Los impulsos nos inducen a las malas decisiones.



Podría decirte que de los errores se aprende pero, lo cierto es que de nada me sirve tener ahora la lección aprendida. Porque un día te perdí, un día antepuse lo insignificante de la vida, me agarré a las excusas que se me ocurrían y que se me escurrían de entre los dedos, como lo poco que quedaba de nosotros. Un día me ahogué en las preguntas y naufragué en un mar de dudas. Un día, hace tiempo, me enseñé que hay personas a las que jamás podré olvidar. Que hay recuerdos que jamás podré borrar. Que hay errores que no se pueden enmendar y, desde entonces, te prometo, que no he dejado de luchar por quien merece la pena.
Sé que ya no sientes nada por mí. O al menos, eso espero. Nunca quise que me esperaras. Ni siquiera sabía si algún día iba a volver. Un día alguien me dijo que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. Creo que, de lo primero, los dos tuvimos suficiente. Sé que te hice daño pero créeme cuando te digo que todas esas dudas me quemaban por dentro, que no sabía qué hacer, que me daba miedo, que fui un cobarde, que lo siento. Créeme que nadie más que yo quería tenerlo todo claro, que nunca quise que se me nublara el juicio. Nunca quise hacerte daño. Que quería tenerlo todo, y ese fue mi mayor error.


Sé que me has olvidado o, al menos, que lo estás intentando. Y no te culpo. Todo lo que te haga daño hay que alejarlo, porque si por algo estamos aquí es para ser felices y no deseo otra cosa para ti. Sé que has rehecho tu vida o, al menos, que ya no acostumbras a pasarte por aquí, que ahora miras la vida con otros ojos, y que son otras pupilas las que te observan. Suerte la suya. Espero que la persona que esté a tu lado, no importa quien, te quiera por encima de todas las cosas, espero que te valore, porque si hay algo que no te dije lo suficiente es que eres una persona maravillosa.


Sólo espero que no me culpes. Que ya no lo hagas. Y que si lo haces, me perdones. Que comprendas que todos nos equivocamos, que las cosas pueden hacerse mejor o peor, pero que en ocasiones no hay forma de parar el engranaje. Que una cosa lleva a la otra, y cuando nos damos cuenta el tren está a punto de descarrilar y nos encontramos al borde de precipicio. Sí, pude haberlo hecho mejor. Sólo espero que no quemaras todas mis cartas y que algún día, dentro de todo el tiempo que necesites, se te ilumine la cara al volver a leer mis letras saltarinas, que en aquel momento bailaban sólo para ti.
Pero también te confieso que, en el fondo, espero que en algún momento te acuerdes de mí. De los momentos buenos, de lo feliz que te hice y, sobre todo, de los inmensamente feliz que me hiciste tú a mí. Te confieso que, de vez en cuando, cierro los ojos y me imagino que nada ha cambiado. Que aquel día gris en el que nuestros caminos se separaron no fue más que una tormenta pasajera. De vez en cuando me pregunto qué habría sido de nosotros si hubiera encontrado respuestas a mis preguntas. Pero no te preocupes, eso apenas dura un segundo, cuando los viejos recuerdos me juegan una mala pasada.


Siempre recordaré nuestra historia, nunca dejará de sorprenderme tu peculiar forma de ser, única e inigualable, y la suerte que tuve de encontrarte aquel día por primera vez. Espero que la vida te sonría, tanto como tú me hiciste sonreír a mi.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Soltar amarras

Cuando no podemos expresar nuestros sentimientos porque las palabras se agolpan en la garganta, cuando no nos va a escuchar quien tiene que hacerlo o cuando, simplemente, es mejor quedarse en silencio ...... 

 

No se trata de rencor, no se trata de querer y no poder. Que no queremos cambiar nada y de nada serviría poder hacerlo. Simplemente, se trata de leer estas palabras, y sobre todo, que alguien las lea. Porque en algún momento de tu vida alguien te dejó marchar, y aunque haya llovido bastante desde entonces y sus huellas se hayan borrado por completo, de vez en cuando, recuerdas que un día alguien te dejó marchar. Y hoy, simplemente, quieres darle las gracias porque sin él, o sin ella, y esos días grises, hoy todo sería diferente. Por lo que, a quien nos dejó marchar le doy las gracias por habernos construido.Hubo días malos. No vamos a fingir que no ha sido así. Hubo días muy malos. No sé si los hubo para ti, me imagino que sí. Cuando algo se acaba, aunque una de las partes esté totalmente convencida, siempre duele. No porque tengamos alguna duda, ni porque no lo deseemos, sino porque en algún momento, cuando todo comenzó, pensamos que el final no llegaría nunca. Y sin embargo, llegó, porque todo acaba, de una manera u otra.

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Pero también hubo días buenos. En los que comparas, y te das cuenta de que tal vez es mejor así. Y que, probablemente, hubiera sido mejor así desde hace más tiempo del que queríamos creer. Que nos aferramos tanto a algo, simplemente por rutina o por comodidad, que olvidamos todo lo bueno que nos estamos perdiendo. Y me resulta sorprendente, cómo una persona puede cambiar por su pareja, moldearse hasta perder su esencia y volverse en blanco y negro, perder todo el color.
No te deseo nada malo, de hecho, espero que encuentres el amor y, que esta vez, no tenga punto final. Digamos que este es momento “Someone like you” de Adele pero, bromas aparte, has de saber que no hay aversión en mis palabras. Que, simplemente, las cosas no siempre salen como queremos. Que esa frase de “no eres tú, soy yo” tiene más sentido de lo que queremos creer. ¿Que qué pasó? La vida. De nada sirve estar con alguien por pena o compromiso, simplemente es alargar lo inevitable. Has de saber también que las cosas se pudieron hacer mejor, pero que tampoco es fácil. Que los hechos se van desencadenando un poco al azar y otro poco con la mala suerte.
ya no te quiero
No lo sé. No sé qué pudimos haber sido. Y ahora, la verdad, no me importa. Me importó en su momento, y esa idea rondó por mi cabeza hasta que mi imagen de ti se difuminó y se perdió entre mis recuerdos. Porque, si algo tengo claro, es que siempre permanecerás ahí, en alguna parte de mi memoria, como alguien especial. Que si nos encontramos, no quiero que actuemos como desconocidos, porque si algo duele realmente es fingir que algún día no fuiste importante para mí.
Pero alguien ocupó tu lugar. No tiene por qué ser una pareja. Tal vez fue una amiga, un amigo, tal vez un familiar, un compañero, un hobby. Y, obviamente, alguien ocupó el mío. Y así es como ha de ser, no quiero huecos vacíos en ningún corazón. Pero también tengo que decir, a quien me dejó marchar, que es una decisión con la que tendrás que cargar el resto de tus días. Que puedo prometerte, que jamás encontrarás alguien como yo, al igual que estoy segura que nunca conoceré a nadie como tú. Porque todos somos únicos, inigualables, especiales desde los pies a la cabeza. Que nadie te volverá a mirar con los mismos ojos, ni te sonreirá de la misma manera. Que nadie volverá a hacerte reír del mismo modo. Ni a hacerte llorar. Y tal vez, en algún momento, cuando creas que me olvidaste, alguien pasará a tu lado con mi perfume y durante unos segundos volverás tiempo atrás. Y pensarás. Pensarás en mí.
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¿Sabes qué creo? Que un día cualquiera, una mañana cualquiera, después de un tiempo, te despertarás con alguien a tu lado y te darás cuenta de que me echas de menos.
Hay historias que nunca acaban pero, del mismo modo, hay otras que nunca llegaron a empezar. Te deseo lo mejor a ti, y a quien te dejó marchar, por hacernos libres.