
Tras unos momentos de duda, él se bajó los jeans lentamente, mientras se deslizaban hacia el suelo, sintió en la piel que iba quedando desnuda, unos hirvientes labios que recorrían y dibujaban flores, que le rasgaban la espalda con uñas invisibles y aliviaban sus angustias.
Una lengua lenta como un caracol en lenta procesión, le llenó de una
sensación húmeda llena de tibias babas que en contacto con su epidermis, le transmitían por sus poros una pasión que saboreaba y que le encaminaba al deseo más brutal. Sus párpados se cerraron con una fuerza que le hicieron ver estrellas de colores en el espacio ocupado por su vista momentos antes, su cerebro dejó de funcionar y se dejó llevar, sorber y absorber.
El suave desliz sobre sus carnes aumentaba el delirio...hasta quedar pendido en el espacio, en el tiempo infinito.
Se oyeron unos débiles gemidos que no se sabía de que garganta partían, luego un grito gutural desesperado y como una fuente caudalosa ... se derramó néctar
hirviente para que ella pudiera beber.
Ella miraba atentamente en silencio tragando saliva.
...Luego invadida por una extraño deseo, tuvo la necesidad imperiosa de probarse aquellos jeans. Se quitó la ropa interior para notar su contacto pleno,
Los encarriló entre sus muslos, al empezar a subirlos recibió las caricias de unos labios con sabor a terciopelo que fueron quemando su piel en sentido inverso a la pérdida de su desnudez, el suave encanto de su feminidad se multiplicó por mil, su lengua salvaje y al mismo tiempo dulcísima se encendió ante el brillo de su cueva, ágata de fuego granate.
Su cuerpo estalló en indómitas embestidas ahogándose a si misma de placer, se
sintió al mismo tiempo hembra poseída, perra, puta, hambrienta endemoniada de
deseo, deseosa de copular en abuso mutuo, agua y fuego, cielo e infierno
conjugados.








