
Nada parecía que fuera a enturbiar aquella primera cita, las paredes forradas de madera oscura reflejaban las tenues luces de unas velas sobre las mesas, al fondo un ventanal con un cristal empañado por el vaho, dejaba entrever una noche fría, la música de lata sonaba tan suave como indefinida.
Los rostros tintados en naranja, sincronía de piel y luz titilante tostada, aún hacía que resaltara más su gran sonrisa de dientes blancos perfectos y ojos claros, cristalinos,
¿que podía ir mal?.
Una caprichosa gota de sopa parece que decidió despegar de la cuchara y aterrizar cuidadosamente en su blusa inmaculadamente blanca.
Disimulé lo que pude, pero esa maldita manchita me hipnotizó casi tanto como la redondez y turgencia de sus pechos, aquella blusa ajustada hizo que cambiara torpemente el ángulo de mi mirada, intenté concentrarme en la ventana, en el exterior. Era inevitable, se vio reflejada en mi copa de vino.
-Aggghhhh, una manchaaaaaa !!!
Aquella manchita ahora tenía vida propia, subía y bajaba con la respiración acelerada de su dueña, parecía que navegara encima de aquel hermoso pecho.
-Va, casi no se ve ¡déjalo! no seas tonta.
-¿No se ve?,¿no se ve?. ¿Por eso es por lo que tú no miras a otro lado?.
-Es que estoy intentando ver que forma tiene, me recuerda a algo ...
Con la servilleta mojada fue frotando aquella zona, primero con fuerza, luego lentamente, ahora la dichosa manchita se había aliado con el agua y formaba un cerco que competía con la transparencia de sus propias aureolas.
-Lo estoy estropeando más. ¡Tú haz algo! ¿no?
-Quizás ha traspasado la tela, déjame que la frote por dentro
Ahora se veían dos rodetes, uno interior muy tenue y el de fuera mas oscuro, a medida que el agua se secaba, el perímetro exterior quedaba marcado como si se hubiera marcado con un lápiz. Al frotar por dentro mis dedos rozaron la piel de su pecho, su pezón quedó duro como una piedra y provocó además una deliciosa escultura que surgía entre varios rodetes multicolores.
Unas lágrimas de impotencia se añadieron a aquella maravillosa composición y unas cuantas huellas digitales, al intentar sacarlas con los dedos.
-¡Espera! Ahora vuelvo.
Al volver del lavabo, la blusa ya se podía diferenciar en dos grandes partes bien diferenciadas, la parte mojado-manchada y la que no.
La música dejó de sonar, el silenció se adueñó de aquel pequeño restaurante y la manchita canalizó todas las miradas, ahora además se podían ver unos reflejos blancos de jabón, ella estaba empitonada de mala manera al haber mojado practicamente toda su blusa, el frio hacía su curioso efecto, el espectáculo estaba servido, a medida que se secaba los rodetes se volvían iriscentes, una señora muy amable le ofreció un chal para taparse, más que nada para que su marido apartara la vista.
-¡Vámonos de aquí!¡LLévame a casa por favor!¡Quiero quitarme esta mancha de una vez!
La cita no había ido tan mal, de momento me invitaba a su apartamento y con toda seguridad se quitará la blusa ....