-Ni hablar yo de aquí no me bajo
-¿Cómo? Debe usted apearse por favor.
Estaba estupefacto, era la primera vez en su dilatada carrera que un cliente se negaba a bajarse del taxi....
-La carrera es de 17 €, yo no puedo hacer nada y necesito que usted se baje para seguir trabajando.
-La culpa es tuya, estoy agobiadísima, tengo un montón de problemas y tu, tú ...me encuentro con un taxista que lleva música sinfónica exclusiva del único concierto de Rick Wakeman Journey to the Centre of the Earth, tu vehículo me ha devuelto la magia que me falta, ¿pretendes que me vaya?
-¿Te gusta la música que pongo?
-¿Gustarme?. Me vuelve loca, no soy rica pero te alquilo el taxi para el resto del día quiero que me pasees por la ciudad y me pongas la música que te gusta a ti.
Tragó saliva, a él le gustaba poner la música que le hacía evadirse entre las montañas o penetrar hasta el fondo de las mismas, era como viajar a través del alma, y ahora una extraña quería compartirlo.
-Verás, la música para mi es mi escapatoria, por eso no doy conversación a los clientes, pongo la música y observo disimuladamente sus caras, sus gestos.
-Tu taxi es un micromundo y me gustaría que me invitases a entrar en él, me has puesto la miel en los labios.....llévame solo a mi un ratito mas por favor.
De modo que ella conoció con otro punto de vista los rincones mas maravillosos de la ciudad por alguien que la recorría a diario y se dejó llevar por las sonidos de orquestas y composiciones que jamás había oído mientras escuchaba atenta las peripecias para obtener determinados CD's únicos y piezas valiosas de coleccionista.
Vieron el atardecer desde un pequeño restaurante en el puerto con vistas a los barcos pesqueros y las redes desordenadas sobre el muelle.
Al salir la llevó a casa el no quiso cobrarle pero ella insistió en hacerlo, pero le pidió la dirección puesto que no llevaba tal cantidad encima.
Al día siguiente ella fue a buscarle a su casa pero él, tozudo no quiso cobrar por lo que ella no tuvo mas remedio que devolverle con creces todas las sensaciones, vello erizado incluido que él le había metido bajo su piel el día anterior y de las que no podía desprenderse.
Mostrando entradas con la etiqueta sensual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sensual. Mostrar todas las entradas
miércoles, 4 de septiembre de 2013
martes, 13 de enero de 2009
domingo, 6 de julio de 2008
Celos

El viento se llevó violentamente tu camisón pero ni te inmutaste ....
Estábamos los dos solos en aquel velero, ibas vestida con un pequeño camisón blanco vibrante al viento, que marcaba perfectamente las curvas de tu cuerpo, la tela de raso dejaba entrever tus senos, insinuantes, deliciosos, tus pies descalzos caminaban por la madera, de un lado a otro de la cubierta, dejando ver tus tobillos torneados y morenos por el sol, te apoyaste con fuerza en la pequeña barandilla, mirando absorta las olas rotas, la espuma blanca surgía como por arte de magia al pasar el casco y abrir la superficie negra, ondulante y abismal, era como volar lento, el sonido majestuoso del chapoteo, los chasquidos de las velas con el viento limpio y el silbido de los obengues, formaban una orquesta magnífica, te pasabas la lengua por los labios, para saborear los granitos de sal, que provocaban las salpicaduras evaporadas, el viento era fuerte y el movimiento acompasado del barco, rompiendo las olas también, era como estar suspendido, en aquella noche bañada por los destellos grisazulados de la Luna, los rociones te dejaban chorreando el rostro y las gotitas acentuaban más la transparencia de tu camisón, tu pelo desordenado tapaba tu rostro y lo volvía a destapar caprichosamente.
Me acerqué sigilosamente por detrás, te abracé por sorpresa y te besé la nuca tiernamente, te acoplaste a mi pecho, deslicé los tirantes hasta tus hombros y la suave tela iba resbalando, mientras besaba la piel de tu espalda recién desnuda, cerraste los ojos y respiraste muy profundo, tu camisón ya dejaban entrever tus pezones erectos y electrizados, cada vez estabas más desnuda para mi, y mis manos los recorrieron, el camisón se encalló en tus caderas, el camisón y yo formábamos tu trio en esa noche, te apartaba el pelo y besaba la zona que iba quedando descubierta, te susurre algo al oído, pero la voz no me salió, solo percibiste mi deseo, te acaricié las nalgas por debajo de aquella tela, empezaste a jadear y mis manos acariciaron tus muslos, mis dedos se inundaron del calor de tu sexo, entrando en tu vagina que ardía, sentí cómo ardía de deseo mientras te sujetaba las caderas y empezaba a frotar mis jeans contra tus nalgas desnudas, no se podía disimular la tranca grande y dura que rozaba y apretaba tu culo de lado a lado, como si quisiera romper el pantalón.
Estábamos los dos solos en aquel velero, ibas vestida con un pequeño camisón blanco vibrante al viento, que marcaba perfectamente las curvas de tu cuerpo, la tela de raso dejaba entrever tus senos, insinuantes, deliciosos, tus pies descalzos caminaban por la madera, de un lado a otro de la cubierta, dejando ver tus tobillos torneados y morenos por el sol, te apoyaste con fuerza en la pequeña barandilla, mirando absorta las olas rotas, la espuma blanca surgía como por arte de magia al pasar el casco y abrir la superficie negra, ondulante y abismal, era como volar lento, el sonido majestuoso del chapoteo, los chasquidos de las velas con el viento limpio y el silbido de los obengues, formaban una orquesta magnífica, te pasabas la lengua por los labios, para saborear los granitos de sal, que provocaban las salpicaduras evaporadas, el viento era fuerte y el movimiento acompasado del barco, rompiendo las olas también, era como estar suspendido, en aquella noche bañada por los destellos grisazulados de la Luna, los rociones te dejaban chorreando el rostro y las gotitas acentuaban más la transparencia de tu camisón, tu pelo desordenado tapaba tu rostro y lo volvía a destapar caprichosamente.
Me acerqué sigilosamente por detrás, te abracé por sorpresa y te besé la nuca tiernamente, te acoplaste a mi pecho, deslicé los tirantes hasta tus hombros y la suave tela iba resbalando, mientras besaba la piel de tu espalda recién desnuda, cerraste los ojos y respiraste muy profundo, tu camisón ya dejaban entrever tus pezones erectos y electrizados, cada vez estabas más desnuda para mi, y mis manos los recorrieron, el camisón se encalló en tus caderas, el camisón y yo formábamos tu trio en esa noche, te apartaba el pelo y besaba la zona que iba quedando descubierta, te susurre algo al oído, pero la voz no me salió, solo percibiste mi deseo, te acaricié las nalgas por debajo de aquella tela, empezaste a jadear y mis manos acariciaron tus muslos, mis dedos se inundaron del calor de tu sexo, entrando en tu vagina que ardía, sentí cómo ardía de deseo mientras te sujetaba las caderas y empezaba a frotar mis jeans contra tus nalgas desnudas, no se podía disimular la tranca grande y dura que rozaba y apretaba tu culo de lado a lado, como si quisiera romper el pantalón.
Empecé a jadear, suavemente, al oir tus propios gemidos suplicantes, ahogados por el viento, cerrabas los ojos con fuerza, suspirabas por todo lo que te hacía. Notaste mis dedos fundiéndose con tu sexo, ardiente y mojado, que ya se deshacía en pasión…
Aparté las manos por un instante y el camisón por fin se derrumbó entre tus pies formando un hermoso volcán oscilante, una racha inoportuna de viento lo levantó y vimos como lo empujó lejos, ondeando como una bandera ........
Sin pensarlo dos veces me tiré al mar para rescatarlo, mientras caía me di cuenta de dos cosas, no habías pilotado nunca un barco y yo no sabía nadar, lo comprendi todo en una fracción de segundo, el camisón se había puesto celoso...........
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





