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sábado, 7 de agosto de 2010

IV Noche


-¡ Cabrón, como me puteaste ! Todo este tiempo sin saber de ti.
- Me bloqueaste, me humillaste hasta lo indecible. No se que pensar
- ¿Sabes? Te he sentido todo el tiempo demasiado cerca para odiarte, odiándote a mi misma por dejarte escapar para siempre, sin un último beso.
- Yo he odiado al mundo por no poder estar contigo otra vez, luego me odié por odiarte sin poder hacer nada más que amarte cada vez que te odiaba más.

- No sigas. Me estremeces cuando hablas así.

Pasaron los meses y el enfado considerable dejó paso a los vuelos de la imaginación incontrolada, la soberbia dejó paso a la lujuria ..... las mentes ociosas hicieron su trabajo, un día lejano sonó el móvil.


Ahora la habitación olía a resina de madera de pino, la luz debil teñida del marrón oscuro de las paredes, él se puso detrás de ella, tomó tu talle y le pidió con la voz quebrada muy suave, que se desnudara muy lentamente, un frío crepuscular le recorrió la espalda, su deseos emergían de los poros de su piel, se quedó temblando como siempre, en las escenas mil veces imaginadas, en las que en ellas ella temblaba igual.


Ella se giró lentamente, sonó el restallido seco de un latigazo sobre el cuero, un reguero de sangre caliente brotaba del labio, serpenteaba por su barbilla y se adivinaba el dolor insoportable de un cuchillo clavado en la carne y un labio roto.

- Esto por dudar de mi.
Lo peor fueron sus ojos clavados, aquellos ojos azules limpios tenían el poder de atravesarlo todo, incluso el cerebro, nadie se movió, el apretó los dientes esperando otra vez como le cruzaran la cara, todo antes que aquella mirada...
Al ver lo aparatoso de la herida ella se lanzó en sus brazos, para terminar besando su boca ensangrentada, roja de lágrimas, locura y arrepentimiento.
Los labios aplastados se llenarón de carmín y sus lenguas se enzarzaron en unos bailes olvidados, la excitación llenó sus almas y ......
- Pero, un momento ¡tu sangre sabe a kepchup!
- ¡Glub! Es que verás... Como sabía que me ibas a pegar tarde o temprano. Pensé que un toque de humor nos vendría bien.
- ¡Eres un auténtico cabrón!. Pero no te vayas.