
Se movió hasta que sus pechos me quedaron justo encima de la cara.
Supuse que quería ser chupada o ser mordida, ambas cosas me encantan, pero no hice
nada de eso.
Metí mi cara en el surco y la restregué sobre su piel, ella notaba su mejilla, y mi boca entreabierta, los labios húmedos, y mi nariz, oliendo aquella piel, escondiéndose entre aquellos blancos pechos turgentes y deliciosos.
Como si estuviera ciego y manco, como un recién nacido que solamente dispone del tacto, el engañoso tacto del rostro.
Apartó sus pechos de mi cara y me miró, sabía el esfuerzo que estaba haciendo por no chuparla abiertamente, acariciarla y lo que me divertía sentir en mi rostro, como se retorcía, para que sus excitados pezones, entraran en mi boca, reía porque mi pene estaba abultado bajo los 'jeans' y no podía disimularlo, ella no pensaba liberarme de sus botones metálicos, de aquí nada me retorcería yo.
Ahora sonreía abiertamente, esa sonrisa maravillosa me cautivaba, era el preludio de que hoy tendríamos sexo del bueno, me gusta ver en su cara el dibujo de esa boca abierta, la lengua asomando timidamente, la nariz encogida y sus hermosos ojos achinados, atrapados por una mueca, es feliz y no piensa en otra cosa y me encanta mirarle el rostro, su sonrisa me hipnotiza......